Ilustración de El Quijote

De la literatura clásica a la actual: evolución y refinamiento.


Siempre se dice que se debe leer a los grandes clásicos de la literatura, inagotable fuente de inspiración y base de grandes obras contemporáneas.

Pero casi nunca se avisa que antes de embarcarse en dicha odisea uno debe tener una buena base como lector, tener ganas de aprender y sobre todo tiempo, mucho tiempo para hacerlo.

Tampoco penséis que hace falta remontarnos cientos de años para que esto aplique, en absoluto; el Ulises de Joyce pese a ser de 1922 también requiere haber leído mucho y tener unas cuantas horas libres para ponernos con ella.

Imagen de el quijote

El motivo es que ha cambiado la forma de escribir, tanto que a un lector actual «medio» le resultaría imposible leer novelas como El Conde de Montecristo, incluso Los tres mosqueteros que es una novela de aventuras muy orientada al gran público también le resultaría laborioso.

Esto se debe a varios factores, los dos más destacables son: la simplificación a la hora de escribir y sobre todo la famosa frase: «muéstralo, no lo digas».

Con simplificación me refiero a que antes gustaba mucho de utilizarse palabras rimbombantes y realizar unas frases que parecían monólogos. Era común encontrarse un diálogo entre dos personas en el que una frase de un personaje podía ocupar varias páginas; muchas veces debía volver atrás al leer para asegurarme de que no me había saltado algo.

Esto es impensable a día de hoy cuando lo que se buscan son frases cortas con palabras sencillas. Al contrario de lo que puede pensar la mayoría creedme si os digo que es más complicado escribir así que que con palabras grandilocuentes y frases interminables. 

La segunda cuestión es la regla de oro a día de hoy: «Muéstralo, no lo digas». Puede que muchos piensen que comprenden esta regla, pero lo mejor es leer novelas antiguas; ahí no queda lugar a dudas.

Ulises de Joyce

Constantemente están diciendo lo que tiene que pensar o sentir el lector, no muestran nada a través de los diálogos… y mira que llenan folios y folios con los diálogos.

Al presentar un personaje femenino podemos estar leyendo durante diez minutos lo pura que es, lo magnífica, lo beatífico de su aura, incapaz de cometer cualquier pecado por insignificante que sea… y todo porque tiene la piel muy blanca, es muy delgada y delicada, tiene una mirada radiante y chorradas similares.

También debemos ser conscientes de la época en la que se escribía esto, no podemos juzgar hechos antiguos con los ojos actuales.

En aquella época esos eran los rasgos que debía tener una mujer porque la mentalidad de la época era… no sé como describirla. Los delitos tan solo los podían cometer las personas de clase baja, una mujer de piel blanca, buena posición social y aspecto frágil y delicado era incapaz de cometer cualquier acto impuro. Al igual que un hombre de una buena posición era incapaz de tener deudas, beber en exceso, ser violento… eso solo podían serlo los proletarios, donde vamos a parar.

Por ese motivo se dedicaban a decir lo extraordinario de su aspecto y su posición social para a continuación llenarlos de virtudes.

Por eso hay obras como Otra vuelta de tuercade 1898 en la que una institutriz debe ir a cuidar dos niños a cargo de un acaudalado hombre y toda la introducción se la pasan explicando lo distinguido, frágil y elegante porte de los niños para que más adelante, cuando el lector descubra los actos malévolos que comenten, se escandalice aún más. A día de hoy esto parece un chiste pero en aquella época seguro que causó revuelo.

Las novelas que ayudaron a cambiar esto, y que por eso tuvieron tanto éxito fueron las del personaje Sherlock Holmes de Sir. Arthur Conan Doyle.

Aquí se minimizan los diálogos y las descripciones eliminando todo lo superfluo. Además los hechos tienen importancia y las deducciones las ha podido ir siguiendo el lector a través de lo que le han ido narrando.

Posiblemente de aquí surgiese la expresión: «muéstralo, no lo digas», porque Arthur enseñaba todo y era el lector el que debía descubrirlo.

Por supuesto hay excepciones, aunque sea algo muy manido El Quijote es una novela magnífica que no puedo más que recomendar a todo el mundo… por lo menos la primera parte.

Los diálogos son cortos y escuetos, las descripciones las justas y tiene un ritmo frenético. No es justo decir que todas las novelas antiguas son difíciles de leer. 

Tan solo debemos ser conscientes de la época en que se escribieron y lo habitual en aquella época.

Si habéis llegado leyendo hasta aquí será porque os ha parecido interesante el artículo, ¿no? En caso de ser así os agradecería mucho que lo compartierais.