La inspiración surge de dónde menos lo esperas


Desde pequeño he querido ser escritor, yo era ese niño raro que no estudiaba o dejaba sin hacer los deberes no por estar haciendo el gamberro sino por estar encerrado en su cuarto leyendo libros.

Pese a ello nunca he conseguido terminar una novela; relatos cortos, cuentos muchos sí. Incluso un año conseguí escribir y publicar en Amazon dos libros: uno técnico sobre Evernote y un cuento corto infantil… Pero me surgió otro proyecto que consumió todo mi escaso tiempo libre y durante dos años lo dejé todo.

Es cierto que en ese período aprendí muchas cosas y conocí mucha gente y sobre todo me conocí a mí mismo. Vi que era capaz de subirme a un escenario y hablar sin problemas, organizar y gestionar clases, preparar largas charlas de cuatro horas, buscar contactos… pero eso no es lo que quería hacer inicialmente.

Musas griegas

Quizá tuviese que recorrer ese camino para poder hacer lo que realmente quería, se suele decir que somos un compendio de las cosas que vivimos y lo que somos capaces de aprender de ellas. Yo siempre consigo aprender algo, considero que es imposible no aprender o mejorar algo de un proyecto nuevo.  Aunque quizá sea porque he emprendido pocos, que puede ser.

Llevaba muchos meses dándole vueltas al siguiente paso que debía dar, comencé en YouTube de nuevo pero lo dejé por los insufribles problemas con el copyright, volví a escribir de nuevo y pese a comenzar bien me atasqué. Estaba bloqueado, tenía ideas inconexas pero no sabía hacia dónde dirigirme.

Gracias a un «favor» que me pidieron surgió una chispa y volví a ponerme en acción. La inercia es lo más importante, una vez que comienza el movimiento es muy difícil pararlo.  Por una buena oferta cambié mi Mac y retomé unos cursos que comencé hace años, pero me seguía faltando algo, había una pieza que no terminaba de encajar.

Desesperado incluso me puse a jugar al Diablo III para desconectar de todo y dejar vagar la mente; y así es como un día apareció de la nada la pieza que faltaba y volví descansado a estar en pleno rendimiento.

Muchas veces nos obsesionamos con algo y, en lugar de reconocer que vamos por el camino que no es seguimos avanzando «porque todo el esfuerzo invertido se perdería», mejor perderlo ahora que no seguir perdiendo tiempo ¿no creéis?

De vez en cuando necesitamos distancia, dejar todo una temporada, distraernos con cualquier cosa y entonces, en frio, mirarlo todo con otra perspectiva y ver los fallos cometidos para intentar buscar una solución.

No hay que rendirse con la primera complicación, porque siempre va a haber complicaciones. Pero insistir en algo que no es lo que queremos hacer tampoco es la solución. 

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