La inspiración, las notas rápidas y el desastre que somos


Seguro que a todos nos ha pasado estar haciendo algo como trabajar, desplazarnos, preparar la comida… y de pronto nos asalta una idea brillante; incluso nos inmoviliza durante unos instantes por nuestra genialidad.

Nota rápida

No podemos dejarla escapar, esa idea debemos cuidarla, elaborarla hasta que florezca y deje sorprendidos a todos al igual que hizo con nosotros.  Por desgracia en ese momento estamos haciendo algo que no nos permite distraernos, pero ahí sale nuestro amigo el smartphone o esa libreta que tenemos pegada en la nevera con un bolígrafo.

Satisfechos escribimos una escueta frase, tal vez cuatro palabras, para resumir esa idea que nos ha asaltado y continuamos con lo que estábamos haciendo.

Crisis evitada, nuestra idea está resguardada y podemos concluir con la mente tranquila nuestros quehaceres ¿o no?

Pasan los días y recordamos que tuvimos una gran idea, habrá que aprovecharla.  Buscamos esa nota que nos conducirá a la gloria y leemos el resumen para ponernos a trabajar… y no tenemos ni idea de lo que quisimos decir.

En el momento que fuimos tocados por las musas éramos seres de luz, con tres o cuatro palabras fuimos capaces de plasmar la esencia de una genialidad, pero ahora ya no están las musas y no somos capaces ni de descifrar el jeroglífico que nosotros creamos.

No hay excusas, debemos levantarnos y reconocerlo en voz alta, somos un desastre.  No es que la idea fuera buena o mala, aunque no lo creáis eso es irrelevante.  Es que pese a saber que esto nos ocurre con frecuencia no hemos sido capaces de perfeccionar el sistema que utilizamos.

Vamos a ver, si la parte difícil ya la hemos realizado que es tener una idea (que sea buena o mala lo decidirá el tiempo) y la suficiente fuerza de voluntad como para sacar lo necesario para tomar una nota ¿qué diferencia hay entre escribir cuatro palabras u ocho? ¿En serio tanto nos cuesta invertir seis segundos en escribir tres palabras más?

Está muy bien resumir una idea en cuatro palabras, pero somos humanos y nos conocemos.  Añadamos una segunda frase que desarrolle un contexto a ese resumen.  Es peor tener apuntada una idea y no saber lo que era, que recordar que tuvimos una idea y se nos olvidó apuntarla. 

Si se nos olvidó apuntarla en unos minutos olvidamos el tema y seguimos con nuestra vida, pero si tenemos una «pista» le daremos vueltas y vueltas hasta obsesionarnos con ella para, seguramente, terminar descifrándola y descubrir que era otra mala idea.

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