YouTubers tecnológicos y la responsabilidad: El caso Olloclip


Durante muchos años estuve centrado en el sector tecnológico, la mayoría de los que me seguís me conoceréis de esa época.  Aprendí mucho y conocí un montón de gente maravillosa como suele suceder la gente tóxica fue más pero eso es lo habitual en cualquier sector.

Si deje este sector es porque dejó de apasionarme; durante años tuvimos una época dorada de cambios constantes, aparición de nuevas compañías y caída de gigantes que pensábamos intocables.  

lentes Olloclip

Sumado al hecho de esta carencia de pasión se unió otro factor que no me esperaba, la responsabilidad.  Contacté con empresas para solicitar entrevistas y, sin esperarlo, me encontré con que me enviaban productos para analizarlos.

La ilusión era enorme, además tiendas online me regalaban productos a cambio de que los analizase. Un sueño hecho realidad, todos los frikis tecnológicos deseamos que llegue ese día ¿verdad?

Sin embargo eso tiene una parte negativa, la mayoría de lo que te prestan es antiguo o de gama baja y lo que te regalan por regla general es poco menos que basura. Hubo alguna cosa buena pero digamos que eran caramelos puntuales para que no los mandase a freír espárragos.

En varias ocasiones tuve que decir que sintiéndolo mucho no iba a analizar algún producto porque si lo hacía solo diría cosas malas.  Como imaginaréis dejaron de enviarme cosas, pero yo podía seguir con la cabeza alta.

Esto se entenderá pero creo que no se comprende su magnitud.  Voy a poneros un ejemplo que los veteranos recordaréis seguro.

Hace años se pusieron de moda las lentes Olloclip. Youtubers, bloggers y podcasters hablaban de ellas y las utilizaban.  No eran un producto excesivamente caro, pero gastarse cien euros o más en un «capricho» no es una tontería.

La gente que lo compró porque «tal o pascual lo han recomendado» lo utilizó tres días, vio que el resultado no era el esperado y o bien se guardó en un cajón y ahí sigue o lo regalaron a alguien para quitárselo de encima y quedar bien.

No es solo el hecho de hacer gastar dinero a tus seguidores, es una responsabilidad moral de incitar un consumo innecesario, un producto que si no hubiera existido no se habría perdido nada, unos materiales desperdiciados innecesariamente.

La mayoría de canales de tecnología españoles que conozco se basan en ser teletiendas de productos que rara vez llegaremos a comprar. Si me aburría generar ese contenido ni os hacéis una idea lo que sufro al verlo.  

Eso sin tener en cuenta que, al final, todos los análisis (por llamarlos de alguna manera) se pueden resumir en frases tipo «para lo que cuesta no podemos pedir más» o «está muy bien, pero con lo que cuesta esperábamos un poco más».

Hablar de tecnología hoy en día se ha vuelto monótono, en contadas ocasiones se puede aportar realmente algo.  Todos los productos son iguales y lo único que importa es tu presupuesto; si piensas gastarte 200 euros en un teléfono todos los de ese margen de precio son muy similares, si tu presupuesto para un ordenador es de 500 euros todos los de esa franja van a ser primos hermanos.

Al final elegir un producto tan solo porque te parece más bonito es un criterio tan válido como cualquier otro.

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