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Las terribles consecuencias de copiar y pegar


El día se terminaba, al igual que mi vida tal cual la conocía hasta ahora. Sentado en la azotea fumándome un cigarro tras otro después de haber conseguido dejar el vicio durante más de diez años, me estaba sentando -comparado con lo que me había sucedido el resto del día- francamente bien.

Me gustaba sentarme allí y mirar hacia abajo, hacia la gente que siempre iba corriendo de un lado para otro. Yo era otro de ellos, siempre corriendo siguiendo el son que nos marcan nuestros impulsos, jefes, parejas o necesidades… Visto desde ahí arriba todos parecían seres ridículos, inferiores incluso.

rascacielos

Mi vida era perfecta, todo estaba calculado al milímetro y seguía un curso que yo había marcado previamente. Sin embargo en unos segundos todo se había ido al traste, ni siquiera eso, unas milésimas de segundo; lo que se tarda en pulsar una simple combinación de teclas.

Esa mañana llegué al trabajo, mi jefe me llamó aparte y me indicó que tenía algo muy importante a la par que delicado que tan solo se atrevía a encomendarme a mí porque era consciente de mi eficiencia y discrección.

Llegaba a la ciudad un importante cliente, el más importante de hecho. Además era amigo íntimo de mi jefe y llevarse bien con él significaba ascender, me estaba ofreciendo una oportunidad de oro.

Se acababa de divorciar y mi jefe quería hacerle pasar un buen rato, que olvidara las penas… No había que decir nada más, mi jefe le indicó que yo me encargaría de todo para que se sintiera cómodo. Si lo hacía bien él se lo pasaría en grande y yo ascendería, un negocio redondo.

Me dio los datos de su llegada y me puse a trabajar de inmediato.

Estuve buscando un rato artículos que hablaban sobre las últimas tendencias en juguetes sexuales, los cuales estaban muy de moda gracias a las últimas películas de “50 sombras de Grey”. Encontré fácilmente la mejor agencia de escorts en Barcelona y tras recordar las reuniones que tuve con el cliente y los comentarios que tuvo sobre las mujeres estuve haciendo unas rápidas búsquedas en la web y al final seleccioné una chica que me pareció que encajaba bien en sus gustos.

Un buen hotel para que se alojara, el mejor de la ciudad, un coche de lujo para que fuera a buscarlo y lo condujera hasta su hotel donde ya estaría esperándolo la chica… Había hecho esto tantas veces que ya era algo rutinario en mí, como quien está eligiendo: bolígrafos, rotuladores y folios para el material de oficina.

El próximo fin de semana además era mi aniversario, llevaba ya 4 años con mi pareja y había decidido que era el momento de pedirle matrimonio.

Mi trabajo iba estupendamente y, además, pronto conseguiría un ascenso que me llevaría a lo más alto. Sin duda alguna el mejor momento para pedirle matrimonio.

Mientras iba haciendo las reservas para el cliente de mi empresa me pareció buena idea lo que estaba eligiendo y fui haciendo de paso las reservas para mi pedida de matrimonio.

Rose Gold

Una elegante limusina iría a recoger a mi pareja, dentro tendría :rosas, champange y bombones y la conduciría hasta el hotel. Una vez al llegar a la habitación -en cuanto abriera la puerta- vería un montón de globos, una enorme pancarta con la frase :“¿quieres casarte conmigo?” Y a mí con una rodilla en el suelo ofreciéndole en lugar del típico anillo de compromiso tan poco “cool” un precioso Apple Watch Rose Goldque eso sí daría envidia a sus amigas. A fin de cuentas pronto me podría permitir todo eso y mucho más.

Avisé a mi jefe que estaba todo preparado para cuando llegase el cliente el fin de semana y todas las reuniones organizadas con él para el lunes, así podría divertirse el fin de semana y estar contento y relajado para las reuniones.

Avisé a mi pareja de que no hiciera ningún plan para el fin de semana con nadie, que iba a ser un romántico fin de semana para nosotros solos.

A continuación copie los horarios de todo en mi agenda para controlar los horarios y confirmé las reservas añadiéndolo automáticamente a mi gestor de tareas. Me encantaban estas opciones, con un par de clicks tenía todo organizado y añadido a mi smartphone y me podía olvidar.

La definición de mi organización era perfección, eso me había ayudado tanto durante todos estos años y me condujo hasta rozar la cima siendo tan joven.

Fui al peluquero y al barbero, compré un traje nuevo, recogí el Apple Wach y fui a la habitación reservada. Esperé un poco y me puse con la rodilla en el suelo cuando escuché movimiento en la puerta y vi como se abria la puerta y aparecía radiante… Un anciano muy elegante que cuando vio los globos comenzó a gritar, al ver la pancarta y a mí de rodillas aumentó sus chillidos y sus ojos parecían salírsele de las órbitas.

Se me cortó la respiración, no sabía que decir, no acertaba a comprender que había pasado, ¿quién era ese anciano? ¿Qué hacía ahí? ¿Dónde estaba mi prometida?

Cuando él se calmó y yo pude hablar se empezó a aclarar la situación, aunque ojalá no lo hubiera hecho.

Era el cliente de mi jefe, pero no el que yo pensaba sino su padre. Un gran ejecutivo de la vieja escuela que estaba harto de que fuera a las reuniones importantes su hijo y dilapidara el dinero en fiestas y artículos de lujo, eso es lo que le había llevado al divorcio.

Según se iba aclarando todo yo me encontraba peor cada vez, si ahí estaba el cliente mi prometida estaría… Dejé al cliente plantado en la habitación y me lancé a la carrera a buscar la habitación que había reservado para mi pareja y para mí. La encontré y llamé furiosamente pero nadie me abrió.

Bajé a recepción para ver si alguien había ido a esa habitación y me contestaron que sí, llegaron pronto dos jóvenes y se fueron al poco rato. Nuevamente noté una cuchillada en el estómago y me faltaba la respiración.

No me dio tiempo ni a salir del hotel, mi pareja me llamaba al teléfono. Entre sus chillidos y lloros conseguí entender que no me quería volver a ver, no quería saber nada. Intenté explicarle lo ocurrido pero no se lo creyó, me replicó que nadie podía ser tan tonto para cometer semejante error, era una excusa para ver como reaccionaba ella y si le parecía bien montarse un trío. Y si realmetne era un error no quería estar con alguien tan tonto para cometer semejante equivocación.

Fui a un parque cercano a pasear y tomarme algo en una terraza, no me dio tiempo a llegar, mi jefe me llamó por teléfono.

El cliente le había llamado, cancelado la reunión del lunes y regresado a su país. No sabía si continuaría siendo un cliente, no quería seguir trabajando en una empresa que fomentaba los asquerosos vicios de su hijo que le hacía gastar dinero a espuertas y había contribuido seguramente a su divorcio. No le hizo falta decirle que estaba despedido, se sobreentendió en todo momento.

Continué paseando y -sin saber como- terminé llegando a la azotea a la que tanto le gustaba subirse.

El silencio que había ahí le tranquilizaba, le gustaba ver a la gente e imaginarse los problemas que podrían tener para ir corriendo sin dirección aparente, cada uno en un sentido dándole igual los problemas de los demás… Normalmente le hacían gracia pero hoy le daban envidia todos ellos, no podía imaginarse alguien que en un día hubiera perdido más que él.

 

Aquí tenéis el audio del podcast

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